Rosa Chumbe

Rosa Chumbe (Liliana Trujillo) es una mujer policía que verá interrumpida su rutina, cuando su hija de 18 años, llamada Sheyla (Cindy Díaz), le robe sus pocos ahorros y se vaya de la casa dejando abandonado a su hijo. Este incidente marcará un antes y un después en la vida de Rosa, quien se verá obligada a cuidar de su pequeño nieto, reencontrándose con un instinto maternal que tenía oxidado.

Sin embargo un acontecimiento inesperado la terminará llevando tras los pasos del Señor de Los Milagros. Rosa se sumará a los miles de seguidores de la procesión, se perderá entre el humo del incienso, los vendedores ambulantes y el fervor existente. Sólo necesita un milagro.

Esa gente existe

Los dirigentes vecinales Gregoria y José Francisco, y el instructor de danza afroperuana, Ángelo, discuten la problemática de las viviendas de Barrios Altos, inmuebles que son Patrimonio Monumental pero que, paradójicamente, se encuentran al borde del colapso. Hacinadas, “invadidas” y codiciadas, estas casonas son un buen pretexto para que reproduzcamos los prejuicios que asocian al poblador de Barrios Altos con el conformismo y la delincuencia.

Mientras Ángelo ensaya y educa con rigor a sus pupilos, José Francisco recorre quintas emblemáticas, y Gregoria enfrenta a un funcionario del Estado quien comparte su culpa con la desvergüenza vecinal e inacción dirigencial. A su vez, algunos vecinos y alumnos nos abren las puertas de casa, mientras producen un espectáculo musical criollo para rendir tributo al Señor de los Milagros.

El fin de la vida

¿Quién sabe que sucede al final de la vida? La muerte ha sido y es un misterio desde siempre, nadie sabe que sucede cuando dejamos de vivir, pero hay tantos puntos de vista diferentes sobre el tema, que dependen del lugar desde el que nos ubicamos y que tan cerca estamos de la muerte. Los pacientes terminales, los enfermos mentales, los ancianos y los niños; no tienen mucho en común, pero nos ofrecen una mirada distinta al ciudadano cotidiano, con valoraciones y percepciones tan distintas, de acuerdo a sus experiencias de vida. Por otro lado, el hombre que tiene que dar la cara todos los días a la muerte es el hombre distinto, el que se pone una coraza contra el dolor ajeno y el propio para poder continuar con su trabajo y su vida sin tener que llevar el trabajo a casa y completar la labor sin las penas ni los problemas que trae consigo cada jornada.